La vida y las vidas vienen y van.
Pasan los momentos, los recuerdos,
las personas, las emociones,
pasan sin poderlo remediar.
De repente, todo cambia.
Todo termina,
todo empieza.
Una nueva era,
una nueva manera,
de la vida, para sorprendernos.
Somos frágiles,
susceptibles a la longevidad.
Perecederos.
Y cada día se reafirma esta fragilidad,
esta brevedad.
Las personas, los hechos, los ideales,
las leyes,
los pensamientos de unos tantos
y otros tan poco.
Todo se sustituye.
In-cuestionables.
Todo muere.
Todo puede matar.
Necesitamos querernos más,
como individuos, individuales,
como un colectivo, que colecciona
vivencias y sobrevivencias.
Más respeto y más respuestas,
más quebrantar mentes y menos
quebrantahuesos,
más hospitalidad y menos hostilidad.
